REFLEXIONES EN PLAZA JUÁREZ
Trizas y trozos de vida
Cristóbal Antonio Rojas Millán
(Capítulo segundo)
Un correo electrónico de una amiga entrañable, de esas que tienen la virtud de provocar añoranza en sus escritos, me trajo el fin de semana una serie de pensamientos, de recuerdos, de nostalgias.
Sabemos de por sí, que estas fechas decembrinas, en que Navidad, Año Nuevo nos atropellan, siempre son sinónimo de promesas que no se cumplen, pero también de recuerdos, de remembranzas de lo que ya se fue. De lo que ya no puede ser. ¡Lástima Margarito!
Nostalgias que se acrecientan cuando, como en el fin de semana pasado, se aglutinan aniversarios de tantos acontecimientos que fueron definitivos en la vida. Pocos recordaron que el 6 de diciembre, se cumplió el 66 aniversario del ataque japonés a Pearl Harbor.
Aquel presunto bombardeo "sorpresivo", que sirvió de maravilloso pretexto para que el gobierno gringo justificara ante su ciudadanía su ingreso en la Segunda Guerra Mundial.
Posición comodina, pues en 1941 ya habían pasado más de dos años de que la guerra había comenzado en Europa. Cuando las potencias económicas y militares europeas ya se habían debilitado, cuando Francia había sido invadida, cuando Londres ya había sido destruida por los bombarderos alemanes.
Cuando Alemania a su vez ya habían sufrido graves pérdidas en hombres y armamento en su loca invasión a Rusia en pleno invierno.
Antes de meterme más en ese tema, que definitivamente nos llevaría a terrenos insospechados, retomemos:
Señalaba que el pasado fin de semana fue de aniversarios, pues también se cumplió otro del asesinato de John Lennon.
El 8 de diciembre nos recordó que ya cumplimos 27 años sin ese pacifista que fue el ex Beatle.
Pero vean como los acontecimientos, desde siempre se han enlazado, tal como si la vida fuera una novela, pues John Lennon nació un 9 de octubre de 1940, precisamente en medio de los bombardeos alemanes que destruyeron Inglaterra.
QuÉ irónico resulta que el hombre que llamaba a la paz, a través de su música, de sus canciones nació en medio de las balas y murió 40 años después debido a las balas.
Ahora entiendo, por qué el fin de semana anduve por los terrenos pantanosos de la nostalgia, y del que apenas hoy lunes empiezo a salir.
Debo decirles que en esto influyó también que el domingo presencié, con mi hijo el más pequeño, Erick, quien apenas cuenta con 8 años, el canal de televisión de los recuerdos, es ese canal de cable que recrea programas del pasado.
El fin de semana transmitieron el capítulo de El Túnel del Tiempo, aquel del asalto al Fuerte de El Álamo, allá en Texas por parte de mexicanos, además de un par de episodios de La Dimensión Desconocida, aquella serie que se especializaba en historias extrañas, de argumentos realizados por escritores extraños, y que tuvo gran éxito a finales de los 50s y principio de los 60s del siglo pasado.
Uno de los capítulos retransmitidos el pasado fin de semana en la Dimensión Desconocida nos contó de un hombre que es condenado a la silla eléctrica, y que en lugar de defenderse, les insiste a sus juzgadores, jurado, juez, fiscal, inclusive al periodista que reporta la noticia, que no lo pueden matar, porque sería como si se mataran ellos mismos.
Les dice que ninguno de ellos existe, pues en realidad son personajes de su sueño (del sueño del condenado a muerte).
Es más, le dice al periodista, tú no tienes esa profesión, yo te conocí en la vida real, como cartero, pero en mi sueño ahora te ubico como periodista, mientras que al carcelero, le hace ver que él en realidad murió hace años, cuando él, el condenado a muerte, era apenas un niño, y que ahora vivía, sólo gracias al capricho de su sueño. Les insiste que si lo matan, todos a su alrededor morirán también porque sólo son parte de su sueño.
¡Qué loco parece todo esto! ¿Verdad?
Sin embargo me acordaba de Calderón, pero no el que ustedes piensan, sino de Calderón de la Barca, para ser más exacto en su Soliloquio de Segismundo en La vida es sueño.
Va aquí un fragmento:
Sueña el rey que es rey, y vive con este engaño mandando, disponiendo y gobernando; y este aplauso, que recibe prestado, en el viento escribe, y en cenizas le convierte la muerte, ¡desdicha fuerte!
¿Que hay quien intente reinar, viendo que ha de despertar en el sueño de la muerte?
Sueña el rico en su riqueza, que más cuidados le ofrece; sueña el pobre que padece su miseria y su pobreza; sueña el que a medrar empieza, sueña el que afana y pretende, sueña el que agravia y ofende, y en el mundo, en conclusión, todos sueñan lo que son, aunque ninguno lo entiende.
Yo sueño que estoy aquí destas prisiones cargado, y soñé que en otro estado más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño: que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.
Ante estas imágenes, ante estas lecturas, me dio también por filosofar respecto al tiempo.
Me introduje tanto en ese pensamiento que el tiempo me pareció como una gran cárcel.
Pareciéramos estar con grilletes que nos atan al aquí y al ahora. En este tiempo, en este 2007. Con esta realidad. Con esta gente.
Para completar los pensamientos kafkianos, pasaba por mi pensamiento la loca ilusión de que este México fuera sólo una pesadilla mía, que la impunidad de que han hecho gala Mario Marín, Ulises Ruiz, Felipe Calderón, Vicente Fox, Martha Sahagún, Elba Esther Gordillo, entre muchos otros, sólo sean producto de un mal sueño. Y que cuando despierte todos ellos estarán tras las rejas pagando los abusos de su poder.
Fue como un rayo de esperanza, como un pensamiento que se alojo en mi mente, caprichoso, necio durante el fin de semana, alimentado por la loca idea de la que hablaba Calderón de la Barca de que la vida es un sueño, y los sueños, sueños son.
lunes, 10 de diciembre de 2007
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